Como un medio que atiende a la industria de la construcción y tratando siempre de ser objetivos en nuestros contenidos, CLA no tiene intenciones de dar opiniones políticas, y no lo haremos. Pero sí podemos expresar nuestra preocupación por lo que está sucediendo en Chile en particular, pero que se puede observar en la región en general a través del descontento ciudadano.

La desigualdad es un flagelo que afecta a la mayoría de los paíse de América Latina, inequidad que se ha convertido en una de las barreras del tan anhelado desarrollo económico. Las explicaciones para esto pueden ser variadas y dependerá mucho del espectro político de quien la emita, pero hay ciertos puntos sobre la tabla que debieran ser claros para todos.

Resulta paradójico que, mientras en nuestra edición de octubre tituláramos el reportaje central como ‘Chile se rearma’, en esta edición de noviembre las noticias del país, considerado por muchos uno de los bastiones de la estabilidad regional, sean desastrosas. No sólo por el descontento social que las manifestaciones han dejado entrever, sino por la desatada violencia que se ha apoderado de las calles de todas las regiones del país con la consiguiente destrucción de la infraestructura pública (41 estaciones de la red del Metro y varios centros de salud) y privada (locales comerciales de distinto tamaño y especialmente supermercados) lo que sin duda desembocará en un frenazo económico y de la inversión con la eventual paralización de proyectos (hay más de 400 iniciativas, por US$37.000 millones, esperando su evaluación ambiental).

Aunque pueda considerarse a Chile como un país exitoso en muchos rubros, no ha tenido tanto éxito en la reducción de la desigualdad. Según el informe Panorama Social de América Latina, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en 2017 el 1% más adinerado del país se quedó con el 26,5% de la riqueza, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la riqueza neta del país.

Es cierto también que en los últimos 30 años se ha logrado reducir la pobreza del 40% a menos del 10%, pero la brecha de todos modos ha ido en aumento. Hubo un gran crecimiento de la clase media, pero una clase media precarizada, con bajas pensiones, sueldos bajos y niveles de deuda muy altos.

¿Soluciones? Existen, claro está. Pero necesitamos que nuestros gobernantes y nuestra población decidan remar con el mismo objetivo. Desarrollarnos social y económicamente, con un crecimiento que nos permita vivir en paz.

Espero, de todo corazón, que la editorial de la próxima edición de CLA pueda resultar mucho más positiva, no sólo para Chile, sino para todos los países de América Latina.