Tiempos complejos es el título del artículo principal de esta edición, y es que lamentablemente no hay otra forma de definir lo que América Latina está viviendo. Los miles de kilómetros que separan la región del foco original del covid-19 en China, y el Océano Atlántico, que sirve de barrera con una Europa que en su momento fue fuertemente golpeada por la pandemia, no fueron suficientes para que Latinoamérica no se convirtiera en el nuevo epicentro de esta enfermedad. Al 22 de junio, entre los 10 países del mundo con mayor número de casos confirmados hay tres latinoamericanos: Brasil, Perú y Chile.

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Son tiempos complejos no sólo en el ámbito social, con desoladoras cifras de muertes y contagios en la región, sino que también en el área social y económica, con niveles de desempleo extremadamente altos y con impactos financieros para la población que difícilmente se pueden medir a estas alturas. Podría parecer una visión muy negativa del futuro, pero probablemente se verán cifras aún peores en lo que queda del año y así será mientras no se encuentre una vacuna para el covid-19 y la vida pueda retornar a la normalidad.

Hay que tener en consideración que América Latina se ha enfrentado a esta crisis sanitaria ya en un contexto de debilidad económica que se viene acarreando desde 2013. Precisamente el precario estado de muchas de las economías de los países latinoamericanos y la vulnerabilidad de su población son algunas de las razones que podrían explicar el por qué ha sido difícil contener la pandemia en la región. Según un informe de la CEPAL, “la pandemia generará la recesión más grande que ha sufrido la región, con una contracción estimada del 5,3% en 2020, un desplome del comercio en un 15%, y aumentos en el desempleo, pobreza y desigualdad”. De hecho, según el organismo, la pandemia llevará a la mayor contracción de la actividad económica que la región haya sufrido desde 1930.

Dicho lo anterior y conscientes de que las cifras económicas son desesperanzadoras, no podemos quedarnos en la negatividad, y hay que mirar al futuro con optimismo, esperando que los gobiernos tomen las medidas necesarias para revertir esta crisis sanitaria, social y económica y que la resiliente población latinoamericana pueda seguir adelante.