Lo que viene son ladrillos que se regeneran y materiales que refrescan.

Un grupo de investigadores del Laboratorio de Adhesión y Adhesivos de la Universidad de Alicante, España, ha desarrollado un material polimérico flexible capaz de auto repararse. Es un tipo de resina que tiene la propiedad de repararse por sí sola: si se corta por la mitad y se pone en contacto de nuevo, tras 10 o 15 segundos, se une sin necesidad de utilizar ninguna fuente externa. Además, aunque se aplaste o se manipule recupera su forma original en pocos segundos.

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Por su parte, el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC) ha desarrollado cinco alternativas para climatizar espacios con materiales y sistemas inteligentes para edificios. Uno de ellos es la hidrocerámica, sistema hecho con paneles de arcilla e hidrogel capaz de enfriar interiores de edificios hasta 5°C con una temperatura exterior alta (35°C), lo que permite prescindir de los equipos de aire acondicionado y por ende ahorrar energía. “Las cápsulas de hidrogel tienen una capacidad para absorber hasta 500 veces su propio peso en agua para crear un sistema de construcción que respire mediante evaporación y transpiración”, dicen. Esta solución permite reducir más de un 25% el uso de aire acondicionado. Y, cuanto más cálido sea el clima, más baja la temperatura y menos necesidad de emplear equipos de refrigeración.

A diferencia de la hidrocerámica, Hydromembrane y Breathing Skin se basan en compuestos hechos con finas membranas y tejidos inteligentes que actúan como una segunda piel “respiratoria” para edificios, capaces de autorregular la humedad y el clima de espacios interiores y exteriores. Todos estos sistemas utilizan materiales que tienen una alta capacidad de absorción del agua, que posteriormente se libera por evaporación creando un efecto de enfriamiento en entornos cálidos. Por ejemplo, Breathing Skin absorbe hasta 300 veces su volumen en agua en un corto periodo de tiempo gracias al poliacrilato de sodio, un polímero superabsorbente.

Además, están trabajando en una tecnología emergente llamada biofotovoltaica que usa la fotosíntesis del musgo para generar energía eléctrica. El objetivo es explorar cómo el musgo podría ser utilizado como fuente de energía renovable.