Demolición y reciclaje de materiales pueden ser clave para resolver problemas habitacionales de América Latina.

Wilton

Así quedó el edificio Wilton Paes de Almeida, luego que un incendio llevó a su derrumbe total.

Las sociedades muchas veces sólo reaccionan frente sus principales problemas cuando ellos se vuelven tragedias irremediables. El deterioro de edificaciones se cuadra perfectamente en esta descripción, e infelizmente en Brasil la crónica de una tragedia anunciada fue el marco de una de estas lecciones que debieran cambiar la mentalidad de toda la gente.

En el día del Feriado del Trabajador – 1º de mayo -, un fuerte incendio tomó por completo el edificio Wilton Paes de Almeida, en el centro de São Paulo. En pocas horas ardiendo, el edificio tuvo su estructura absolutamente comprometida y se derrumbó, matando un número de personas que hasta el cierre de esta edición eran cinco (dos de ellos eran niños gemelos de diez años, cuya madre también falleció).

No se trataba de un edificio común. Quienes lo habitaban eran familias de escasos recursos que lo tomaron hace cerca de 15 años. Víctimas de un déficit habitacional que afecta millones de personas en Brasil, las familias establecieron en el edificio un sistema de gestión habitacional colectiva, liderado por un “movimiento social” de lucha por vivienda.

Pero el Wilton Paes de Almeida fue construido en la década de 1960 para albergar empresas. Por deudas fiscales, en los siguientes años pasó a pose del Estado, que lo utilizó como sede de variados organismos burocráticos. En 2003, lo que entonces era la sede de la Policía Federal en São Paulo quedó inhabitado, abriendo espacio para la ocupación desordenada.

Sin cualquier mantenimiento, el Wilton Paes de Almeida recibió un número excesivo de personas (y por lo tanto peso) sobre su estructura. Obviamente, su instalación eléctrica e hidráulica, que además de viejas habían sido hechas para uso como oficina, sufrió abuso. Un cortocircuito fue suficiente para quemarlo por completo y finalmente derrumbarlo.

Segundo capítulo

Días después, con el escándalo, la segunda más grande ciudad de Brasil (Río de Janeiro) dio el paso siguiente a esta crónica de tragedias anunciadas. Una toma de edificio público inhabitado, que existía había años, finalmente recibió la atención del poder público municipal.

El edificio antiguo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), que quedaba muy cerca de la favela Mangueira (una de las mayores de la ciudad) se había vuelto una favela vertical por si solo. Innúmeras familias ahí vivían sin cualquier seguridad: en falta total de mantenimientos regulares, de fiscalización sobre las instalaciones y cualquier otro tipo de formalidad.

FABIO

Fabio Bruno Construções, referencia en demoliciones en Brasil, realizó la operación en Río.

Teniendo presente las omisiones de São Paulo con el Wilton Paes de Almeida, las autoridades municipales de Río contrataron rápidamente una demolición del edificio del IBGE, servicio para el cual llamaron a Fabio Bruno Construções, una referencia en demoliciones en Brasil. A las familias, en este caso, restó la promesa de una solución habitacional futura. Pero lo peor se evitó.

Lo que cabe preguntar, en ambos casos es ¿si no fuera por la tragedia consumada en São Paulo, en cuánto tiempo más Río daría la solución adecuada a este caso? Por su parte, en ambas ciudades éstos son sólo dos casos de edificios que albergaron oficinas públicas y ahora son tomas por los llamados “sin techo”. Resolver con antelación las potenciales nuevas tragedias es una tarea ineludible. Y mientras Brasil es ahora el foco de la atención, lo cierto es que toda América Latina tiene sus fantasmas habitacionales que, por una razón u otra, representan amenaza a vidas de personas.

La conclusión es que, en situaciones de deterioro estructural avanzado y omisión de largo plazo por el poder público, demoler y reciclar se vuelve política pública.

Nuevas prácticas

Es en el contexto de las políticas habitacionales urbanas que los procesos de demolición y reciclaje de residuos deben ser pensados en América Latina. Pero sin ilusiones: si este proceso depende de la buena voluntad de políticos, las edificaciones viejas o tomadas por familias sin casa seguirán cayendo.

Es necesario que demoler para reconstruir se vuelva un verdadero negocio, que agregue valor a sus participantes y preste un servicio a la sociedad, incluso generando puestos de trabajo y recaudaciones al Estado.

Y el establecimiento de una cadena productiva de la demolición no será realidad sin que su producto – los residuos de la demolición – puedan ser correctamente monetizados y comercializados como material a granel, muchas veces de noble origen. Es casi inevitable que los llamados RDC (residuos de demolición y construcción) sean aprovechados comercialmente, lo que falta es conectar su aprovechamiento a una cadena de demolición y producción de nuevas viviendas e infraestructuras.

En Colombia, una experiencia lanzada en 2017 promueve la escalabilidad comercial de los RDC, a través del establecimiento de una operación de reciclaje. Se trata de GRECO, Granulados Reciclados de Colombia, que es una joint venture entre las empresas Cementos Argos, Fanalca y Daeyang.

GRECO

Planta de reciclaje de residuos de construcción y demolición de GRECO en Cota, cerca Bogotá.

La primera planta de GRECO, en la ciudad de Cota, a cerca de 1,5 km de Bogotá, tiene capacidad de procesar 200 toneladas por hora de material. Sus tecnologías de clasificación permiten la correcta separación de metales, plásticos, maderas y materiales pétreos (hormigón incluido).

Los materiales pétreos son triturados para reutilización como materia prima de concreto, pero también como arena y agregados más grandes para utilización en bases y sub bases de pavimentos.

No por casualidad la misma GRECO ofrece el servicio de desmontaje y demolición de edificaciones, recuperando para posterior utilización la máxima cantidad posible de materiales. La empresa es clara al ofrecerlo como ventaja para todos: promete demoler con menores costos, asume la responsabilidad de la gestión del RDC producido y luego de procesarlo vende material reciclado a menores costos para nuevas obras.

Toda su operación comercial se cuadra dentro de una propuesta de gestión integral de los RDC, lo que supone que no se trata de demolición, aisladamente. Se trata de un negocio cuyo servicio incluye planificar, ejecutar y gestionar la demolición y el reciclaje de los materiales del inicio al fin, dándoles nuevo sentido económico y generando valor a lo largo del proceso.

La nueva empresa quiere reciclar por año 1 millón de toneladas de materiales, y así reducir la cantidad de RDC que va a los vertederos sanitarios colombianos. Como beneficio adicional, la cercanía de GRECO con relación a Bogotá le permitirá suministrar materias primas para nuevas construcciones son menor utilización de transportes. Esto porque las canteras más cercanas de la capital colombiana están a cerca de 100 kilómetros.

Queda así comprobado por GRECO que la solución de los dramas ambientales viene más fácilmente cuando resolverlos trae ventajas económicas. El mismo raciocinio se puede aplicar a la solución de los dramas habitacionales de América Latina.

Esto es un ejemplo de esquema productivo involucrando el reciclaje de residuos que puede estimular que la demolición sea negocio con más frecuencia. La creación y establecimiento de un mercado tal como este en Colombia puede incentivar que se demuelan los edificios antiguos, dado que será negocio. En el camino, se pueden evitar tragedias como la ocurrida en Brasil.

 

Brokk ataca el acero

BROKK

Aditamento para robot de demolición corta elementos metálicos de hasta 200mm.

Con la finalidad de ampliar su oferta para quienes necesiten de un equipo listo para corte de acero, el fabricante de robots de demolición estadounidense Brokk lanzó un nuevo aditamento, el MC200 Multi Cutter.

Producido por su compañía hermana Darda, el modelo tiene diseño compacto y promete ser una solución de alta potencia con pequeño peso operacional. De acuerdo con Brokk, el MC200 Multi Cutter se aplica bien al corte de acero en demoliciones para obras civiles, pero, también, en industrias como el reciclaje de residuos, procesamiento de materiales, plantas nucleares y otros sectores.

Se trata de un aditamento pensado y realizado para trabajar en conjunto con los robots de demolición de la misma Brokk. El fabricante afirma que su diseño compacto (102 centímetros de largo) lo adecua bien en los modelos Brokk 110, 120D y 160, que tienen pesos operacionales entre 1,2 y 2,8 toneladas largas.

Es un equipo de utilización específica, tal como los mismos robots de demolición. Agregan ventajas a la realización de servicios como demoliciones subterráneas, espacios confinados y/o internos, dado que los robots Brokk siempre tienen alimentación eléctrica.

Cuando instalado en un robot, el MC200 Multi Cutter gira 360 grados sobre su eje, y abre la mandíbula a un límite de 200 milímetros. Su potencia de corte llega al equivalente a 50 toneladas. El fabricante afirma que sus láminas pueden ser amoladas, sin necesidad de cambios.

 

Kinshofer en múltiple demolición

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Mandíbulas cambiables dan versatilidad a la operación de demolición con cizallas.

El fabricante alemán de aditamentos para demolición y otras aplicaciones Kinshofer ha presentado este año un nuevo modelo de cizalla demoledora, que tiene un diferencial interesante para empresas constructoras que necesitan demoler antiguas estructuras para abrir espacio a nuevas edificaciones.

Se trata de la línea Multi-Quick Processors, que tiene como destacada característica las mandíbulas cambiables en el mismo cuerpo principal. Con ello, al adquirir una única cizalla con un juego de mandíbulas, el contratista puede acceder a distintas capacidades de corte de estructura.

Dependiendo del modelo de Multi-Quick Processor elegido, el cliente puede recibir juegos de seis u ocho mandíbulas. Éstas pueden ser dedicadas al corte de hormigón, acero o tuberías, y permiten combinación para atender necesidades especiales.

“Sabemos que, al habilitar los contratistas a hacer más trabajos con menos equipos, aumentamos su rentabilidad y expandimos sus negocios”, dijo François Martin, el gerente general de Kinshofer en Estados Unidos.

El sistema Multi-Quick Processors de Kinshofer se acopla en excavadoras de entre 18 y 65 toneladas.