Hacia adelante

By Helen Wright27 February 2012

Lat Am report

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América del Sur está siendo un fuerte impulsor en el crecimiento de la producción mundial de la construcción, que habría bordeado el 3% durante 2011, según proyecciones realizadas por IHS Global Insight; y el aumento de los presupuestos públicos, junto con el inicio de grandes proyectos de infraestructura indican que la tendencia continuaría.

Este sólido desempeño es liderado por Brasil, que con la preparación para el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, junto con el creciente sector petrolero, observa un gasto en infraestructura estimado en unos US$140.500 millones hasta 2020.

De hecho, las proyecciones de crecimiento de un 6% para el sector el año pasado habrían estado directamente relacionadas con las próximas instalaciones deportivas, además del segundo Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC II).

Sólo pensando en los próximos dos eventos deportivos Brasil invertirá cerca de US$63.000 millones en nueva infraestructura y en mejoras de las instalaciones existentes. Cerca de US$48.000 millones se necesitarán para la Copa del Mundo, mientras que unos US$15.000 millones se invertirán en Río de Janeiro para los Juegos Olímpicos de 2016.

Inversión privada

Mientras tanto, se espera que las inversiones privadas en el programa PAC II superen los US$105.000 millones a 2014, representando al menos 18% del total de US$574.000 millones destinados por el gobierno para proyectos de infraestructura hasta ese año.

Las inversiones en carreteras serán una prioridad y el gobierno tiene planes para concesionar unos 2.000 kilómetros.

El PAC también contempla grandes inversiones en ferrocarriles y en este sentido se desembolsarán unos US$26.300 millones a 2014, incluyendo una importante expansión de la red ferroviaria actual de más de 4.450 kilómetros en todo el país.

Incrementando el presupuesto

Por su parte, en Argentina, el sector de la construcción ha sido identificado como una de las diez áreas prioritarias para el desarrollo. Según IHS Global Insight la inversión de la industria de la construcción argentina fue de US$14.400 millones y el año pasado habría crecido un 3,8%, tasa que se mantendría también durante este año, impulsada especialmente por las inversiones no residenciales.

En México, en tanto, el crecimiento en sectores industriales y agrícolas está impulsando la demanda por mejores carreteras, sector en el que se han realizado planes para construir y modernizar más de 4.200 kilómetros de carreteras, con inversiones cercanas a los US$$4.800 millones.

En tanto, la construcción en Chile durante 2011 estuvo liderada por los proyectos de reconstrucción luego del terremoto de 2010, los que según se estimaba, impulsarían el crecimiento del sector a un 10,8% durante 2011.

El sector privado planea inversiones a 2014 por sobre US$73.000 millones, los que se destinarán principalmente en minería y energía, de acuerdo al reporte Advisor Latin America elaborado por la Asociación de Fabricantes de Equipos (AEM, por su sigla en inglés).

El gobierno chileno además ha presupuestado más de US$1.500 millones para mejorar el sistema de transporte de la capital, Transantiago. Al menos un 64% de las inversiones se destinarán a la construcción de más de 109 kilómetros de nuevas líneas segregadas.

Perú también ha proyectado un fuerte crecimiento para el sector de la construcción, el que habría crecido en torno a 12% el año pasado, impulsado por las nuevas construcciones en los sectores de vivienda residencial y comercial.

El Ministerio de Finanzas y Economía de Perú priorizó durante 2011 una treintena de proyectos de infraestructura con inversiones que superaban los US$3.000 millones, incluyendo la expansión y actualización de los puertos de Iquitos, Yurimaguas y Pisco.

Demanda energética

Este panorama de la inversión en construcción en algunas de las principales economías de América Latina presenta un escenario de sólido crecimiento a mediano plazo. Sin embargo, las perspectivas para el largo plazo dependen en cierta medida de la capacidad de la región para cumplir con sus crecientes necesidades de energía y de diversificación de sus fuentes de generación de energía.

La Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), ha puesto hincapié en que la energía desempeña un papel dominante en el futuro de América del Sur y existe la necesidad de que los gobiernos de la región puedan desarrollar fuentes de energía seguras y confiables. La diversidad es la clave. Actualmente cerca del 70% de la matriz energética de la región proviene de los hidrocarburos, en su mayoría importados, por lo que los países de América Latina que no producen su propio petróleo, gas o carbón son vulnerables al impacto de la volatilidad de los precios.

Mientras que algunos países latinoamericanos ricos en recursos energéticos como México, Colombia, Ecuador y Venezuela, se beneficiarán de la subida global de los precios de los commodities, alrededor de 40 millones de personas en la región no tienen acceso a la electricidad y las importaciones de combustibles consumen porcentajes cada vez mayores de los presupuestos de los países más pequeños.

Algunos países están actualmente evaluando sus opciones, entre otros Argentina, que considera la energía nuclear como una industria primordial para mejorar sus planes de desarrollo nacional y evitar los riesgos de apagones o racionamiento de energía.

Por su parte, la OLADE estima que América Central tiene el potencial para desarrollar más de 23.800 MW de energía hidroeléctrica en el futuro.

En efecto, varios grandes proyectos hidroeléctricos están actualmente en curso en América Latina. La represa hidroeléctrica de Belo Monte en el río Xingu en la amazonia brasileña, por ejemplo, fue aprobada a mediados del año pasado. Construida por el consorcio Norte Energía el proyecto, de 11.200 MW, considera inversiones por unos US$17.000 millones e implica la construcción de una represa de 6,1 kilómetros de ancho.

El gobierno brasileño ha sostenido que dicha planta es fundamental para sustentar el rápido crecimiento económico del país. Del mismo modo, el gobierno de Chile postula que debe triplicar su capacidad energética en 15 años, pero el país no cuenta con recursos de petróleo o gas natural e importa un 97% de los combustibles fósiles que consume.

En este esfuerzo por aumentar la disponibilidad de energía, con una inversión cercana a los US$3.200 millones, el proyecto de 2.750 MW, HidroAysén, considera la construcción de cinco centrales en los ríos Baker y Pascua, en el sur de Chile.

La independencia energética está alimentando el crecimiento de la construcción en América Latina. De hecho, las oportunidades de relativamente mediano plazo que tiene Brasil gracias a los eventos deportivos internacionales y los proyectos energéticos de largo plazo sustentarán la expansión económica e industrial de la región. Las perspectivas para el sector de la construcción son muy positivas.

* Helen Wright es editora adjunta de International Construction.

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