Recuperación en despegue

By Cristián Peters.05 November 2014

Nuevo aeropuerto mexicano

Nuevo aeropuerto mexicano

La situación de la economía mexicana en general y de la industria de la construcción en particular, ha sido, por lo menos, delicada. Al país le ha costado desprenderse de los resabios de la crisis financiera mundial puesto que su economía, al estar íntimamente relacionada a la estadounidense, ha experimentado los efectos de esta relación.

El año pasado fue especialmente complicado para el sector, con índices negativos, y el presente ejercicio, si bien mejor, se manifiesta aún frágil. A comienzo de año las perspectivas apuntaban a un crecimiento de la industria en torno al 3,5%, luego se bajó a un 2,8%, y ahora la cifra estimada disminuiría a un 2%, según declaró a Construcción Latinoamericana, Luis Zárate, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC).

Para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para poder revertir esta tendencia la inversión en infraestructura es un tema estratégico y prioritario dado que representa el medio para generar desarrollo y crecimiento económico y es una pieza clave para aumentar la competitividad. Según palabras del mandatario, “es la hoja de ruta que ya guía nuestros esfuerzos, para edificar el México moderno y competitivo que queremos todos los mexicanos. Es la estrategia general para construir las obras y concretar los proyectos que contribuyan de manera importante a liberar el potencial de nuestro país”.

Con este ideal en mente, las perspectivas son positivas. Según Zárate “hay factores que nos hacen creer que creceremos sobre un 4% durante 2015. Esto porque está la política de acelerar las licitaciones del próximo año iniciándolas en la última fase de 2014, lo que permitirá comenzar las obras el primer trimestre de 2015”.

Acompañando lo anterior, México hoy cuenta con una nueva ley de obras públicas que va encaminada a agilizar todos los trámites, licitaciones y firmas de pago a los contratistas.

Zárate además menciona que el próximo año “se verán algunos efectos de las reformas estructurales que está impulsando el Presidente de la República, como es la financiera; asimismo, el gobierno tendrá una mayor captación derivada de la propia reforma y tendrá mayores recursos para invertir en obra pública”. Por último, el ejecutivo menciona que “hemos insistido en que se elabore un banco de proyectos, el que se ha venido adelantando y permitirá que cuando se licite la obra ya se tenga resuelto la mayor parte de los conceptos, como derechos de obras y el aspecto financiero”.

Enfoque

El Programa Nacional de Infraestructura 2014 – 2018 contempla recursos por 7,7 billones de pesos mexicanos (alrededor de US$600.000 millones), prácticamente duplicando lo invertido en el sexenio pasado y enfocado principalmente en seis sectores.

El mayor desembolso será el destinado al sector energético, que contempla inversiones por unos US$305.000 millones, poco más de la mitad del presupuesto total. El objetivo es generar la infraestructura necesaria, para contar con energía suficiente, de calidad y a precios competitivos.

Hay que además recordar al respecto la reciente reforma impulsada por Peña Nieto que facilita la inversión privada en energía y otorga nuevos estándares para su generación en el país. Según Zárate, los efectos de esta reforma se podrán sentir a partir de 2016, año para el que proyecta un crecimiento de la industria entre un 5,3 y 5,5%.

En segundo lugar, se destinarán casi US$141.000 millones para impulsar el desarrollo urbano y la construcción de viviendas de calidad, dotadas de infraestructura y servicios básicos; mientras que comunicaciones y transportes abarcarán inversiones por unos US$103.000 millones, o 17% del total.

El poco menos del 9% restante del presupuesto del sexenio se destinará a infraestructura hidráulica, turismo y salud.

Aeropuerto

Como se ha dicho, comunicaciones y transportes representan un 17,1% del presupuesto para el programa de infraestructura 2014-2018. El propósito es claro, contar con una infraestructura y una plataforma logística modernas, que fomenten una mayor competitividad, productividad y desarrollo económico y social. El programa busca consolidar a México como un gran centro logístico global de alto valor agregado.

Uno de los proyectos claves es la construcción de un nuevo aeropuerto en terrenos aledaños al actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Ya se hicieron los estudios aeronáuticos, ambientales, de uso del suelo, de ingeniería y arquitectónicos. Para el diseño de la obra se ha contratado a la oficina arquitectónica inglesa Foster+Partners, quienes, en sociedad con la mexicana Fernando Romero Enterprises, darán vida a lo que será un aeropuerto que se ha considerado moderno, vanguardista y que expresa gran dosis de simbolismo mexicano. El objetivo de los arquitectos fue “revolucionar el diseño de aeropuertos y la experiencia de viajar, creando un edificio e infraestructura que no sólo destacara durante el siglo XXI, sino que también se manifestara como un ícono mexicano el resto del tiempo”.

Pero la iniciativa no ha estado libre de polémica. El documento ingresado por el Grupo Aeroportuario de la ciudad de México indica que el proyecto se planea en los municipios de Texcoco y Atenco, en el estado de México, en una superficie de 4.431 hectáreas, a 14 kilómetros al este del actual terminal aéreo. Según diversos actores nacionales éste el peor suelo que podría haberse elegido dado que es un área con alto riesgo de hundimiento–entre 21 y a 30 centímetros al año- y de inundación.

Al respecto, Zárate asegura que “es un suelo que se merece todo el respeto, pero también es justo señalar que tenemos tras de nosotros a expertos muy importantes, y al cabo del tiempo se han venido estudiando nuevos métodos para la construcción en suelos difíciles. Hay que ver el aeropuerto que se construyó en el mar en Japón -el aeropuerto internacional de Kansai está ubicado en una isla artificial en la bahía de Osaka-, o sea, hay técnicas muy avanzadas”, indica.

Si bien todavía no se conoce el cronograma de licitación y recepción de ofertas, que debiera anunciarse a fines de año, se espera la participación de empresas y consorcios tanto mexicanos como internacionales. El presidente de la CMIC está atento, y es que algunas de sus empresas socias se han unido para crear un consorcio amplio y que combina diversas capacidades. Se trata del Consorcio Aeroportuario Mexicano (Consam) compuesto por empresas como ICA, Prodemex, Carso, Conconal, Gia, Grupo Hermes, Teya, Tradeco y Marhnos, a las cuales se le han ido sumando otras compañías como Grupo Mexicano de Desarrollo, Idinsa, Grupo Garza Ponce, MG, Maiz Mier, Grupo Casgo, Timosa y Cimesa. El objetivo es contar con un conglomerado poderoso que pueda enfrentarse a una iniciativa de esta magnitud.

“Tenemos que ser muy competitivos, afinar el lápiz, demostrar la capacidad de los constructores mexicanos. Tenemos el conocimiento claro del suelo, es un suelo complicado, pero hemos trabajado por muchos años en esa zona. Contamos con todos los bancos de materiales que circundan la obra, la suma de las capacidades del consorcio formado es importante y las compañías cuentan con un gran número de maquinaria de disponibilidad inmediata, tenemos los técnicos, mano de obra especializada, etc”, dice Zárate.

El desafío no es menor. La iniciativa contempla inversiones por unos 160.000 millones de pesos mexicanos (unos US$12.480 millones), que serán aportados por el Estado. En su primera fase, hacia 2020, el aeropuerto contará con tres pistas paralelas de operación simultánea, una capacidad para más de 50 millones de pasajeros anuales (el actual aeropuerto internacional de Ciudad de México tiene capacidad para 32 millones de pasajeros), y realizará 410.000 operaciones anuales.

En una segunda fase se construirán otras tres pistas de aproximación triple simultánea y atenderá, hacia 2065, 120 millones de pasajeros en 1.000.000 operaciones anuales. El proyecto, según dice el ejecutivo, va a emplear a unos 15.000 obreros especializados y 1.500 técnicos en forma directa, además de generar indirectamente otros 3000 empleos.

Tren rápido

El transporte terrestre también tiene un lugar destacado en la agenda nacional. Será gracias a México, y luego de más de cuatro décadas desde que el primer tren de alta velocidad (TAV) del mundo entrara en funcionamiento (1964, en Japón), que América Latina podrá lucir uno de estos veloces medios de transporte. Ya se encuentra en licitación otro de los proyectos de transporte emblemáticos que estarían en el Programa Nacional de Infraestructura, una línea ferroviaria de alta velocidad que uniría el Distrito Federal con Querétaro.

La iniciativa promete reducir dramáticamente los tiempos de viaje. Si el traslado de los 210 kilómetros hoy toma unas dos horas en auto y hasta tres en bus, gracias al TAV la distancia podría recorrerse en sólo 59 minutos. De acuerdo con la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) de México, el tren alcanzará una velocidad de 300 kilómetros por hora.

Al proceso de licitación, que cerró sus postulaciones el 15 de octubre, sólo se presentó un consorcio compuesto por China Railway Construction Corp (CRCC), CSR Corporation Limited, y las mexicanas GIA, Prodemex, Teya y GHP Infraestructura Mexicana.

La inversión propuesta por el conglomerado es de 58.951 millones de pesos (unos US$4.620 millones), monto que incluye la construcción, el material rodante, las obras electromecánicas y de señalización, así como el periodo de las pruebas extendidas. Cabe destacar que inicialmente se estimaba que el proyecto podría alcanzar desembolsos por unos 40.000 millones de pesos (unos US$3.135 millones), por lo que el monto entregado por el consorcio implica un alza del 47%.

El hecho de que el consorcio sea el único participante no significa que sea el ganador de la licitación, y en caso de no cumplir con los requerimientos, el proceso se podría iniciar nuevamente.

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