Cinco años después de grandes tramos concesionados, menos del 25% de obras contratadas se realizó.

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BR-040 fue concesionada pero poca inversión recibió.

Cinco años después de uno de los más grandes paquete de concesiones viales hechos recientemente en Brasil, los resultados no son animadores. Cinco grandes tramos puestos en concesión entre 2013 y 2014 no recibieron las inversiones en ensanchamientos y recuperación, tal como se había contratado en las licitaciones.

Los contratos de estos cinco tramos de carretera preveían que en 60 meses (5 años) todos los miles de kilómetros concesionados fuesen recuperados y recibieran nuevos carriles, de manera a doblar su capacidad de tráfico. Pero del total de 2.683 km concesionados, sólo 597 km fueron intervenidos en este período.

Lo más problemático, en tanto, es que estos tramos intervenidos son casi todos en los puntos de cobro de los peajes. El restante de las carreteras poca o ninguna inversión recibió.

Los tramos cuestionados ahora son todos de carreteras federales muy utilizadas para hacer llegar la producción agrícola de Brasil a los puertos. Son dos tramos de la BR-163, uno en el estado de Mato Grosso, otro en Mato Grosso do Sul. Un tramo de la BR-040, otro de la BR-060 y el último en la BR-050.

Sólo este último, administrado por un conjunto de nueve constructoras medianas, va en camino a invertir lo que le fue contratado, pues de un total de 218,5 kilómetros, la BR-050 recibió obras en 176 km.

Lo demás está en manos de CCR (Andrade Gutierrez y Camargo Correa), Odebrecht y Triunfo. Y los porcentuales de obra hecha con relación al contratado es muy bajo.

Las concesionarias afirman que encontraron problemas con los permisos ambientales en los estados, y además acusan que la recesión económica disminuyó el tráfico en sus tramos viales, lo que ha generado frustración de ingresos por peaje. Pero sus contratos dejaban claro que las obras tendrían que hacerse, aunque el tráfico cayera por cualquier razón.

Ahora, el nuevo gobierno discute qué se puede hacer con estas concesiones mal sucedidas. Una opción es romper el contrato y rehacer la licitación, pero es improbable que esto suceda. De acuerdo con el ministro de Infraestructura del país, Tarcisio Freitas, lo más indicado sería que el gobierno renunciara a las tasas periódicas que las concesionarias les deben por los contratos, pujándolas para el futuro. Todo para darles liquidez, en la esperanza de que produzcan las mejoras de infraestructura que fue la razón de concesionarles las vías.

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