Después de estancarse en 2019, se proyecta que el PIB real mexicano aumente solo 1,0% en 2020. La producción industrial disminuyó 1,8% año tras año en septiembre, reflejando disminuciones en construcción, minería y manufactura. Se proyecta que la producción de automóviles se mantendrá cerca de 3,8 millones de unidades hasta 2021 y luego se reducirá a 3,6 millones en 2023 a medida que la demanda desde EE.UU. disminuya.

Crecimiento real de la construcción mexicana (US$2010)

Crecimiento real de la construcción mexicana (US$2010)

Las políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador plantean riesgos contractuales para los sectores de energía, minería e infraestructura. La incertidumbre política, junto con los riesgos operativos y de seguridad (corrupción), está perjudicando el sentimiento empresarial y la inversión. Mientras tanto, el crecimiento limitado de los ingresos y las necesidades de financiamiento de la estatal PEMEX están limitando la inversión pública, y la producción de petróleo está en una tendencia a la baja. En el lado positivo, a medida que la inflación continúe disminuyendo, el Banco de México reducirá su tasa de política monetaria de 7,50% a 5,75% en la segunda mitad de 2021.

Construcción

El gasto real en construcción apenas se expandió en 2018 con un crecimiento del 0,7%, y disminuyó marginalmente (0,3%) en 2019. Solo se espera una aceleración modesta a 1,1% y 1,3% para 2020 y 2021 respectivamente.

La construcción residencial se ve frenada por la confianza de los consumidores y los bajos ingresos en una economía débil. El PIB real per cápita disminuyó en 2019 y se cree que lo haga también en 2020. Si bien se espera una recuperación en 2021 y más allá, se supone que el PIB per cápita sólo se expanda a una tasa inferior al 0,5%. El crecimiento de la construcción residencial se mantuvo estable y creció 0,3% entre 2018 y 2019, con un pronóstico de crecimiento de solo 0,4% en 2020, para pasar a un 1,1% para 2021 y 2022.

El gasto en infraestructura ofrece la perspectiva más sólida, pero está limitado por una política gubernamental inconsistente, particularmente para cualquier proyecto a largo plazo. La inversión real en infraestructura disminuyó 1,4% en 2019, pero que espera que el crecimiento volverá a un ritmo de 2% en 2020, acelerándose hacia 3% en 2021 y 2022.

México ha financiado tradicionalmente el gasto en infraestructura con ingresos petroleros, pero los débiles precios mundiales del petróleo, combinados con la disminución de la producción, han reducido los ingresos disponibles. De hecho, un examen de los detalles de la infraestructura demostraría que el crecimiento de proyectos de transporte y agua / alcantarillado estarán en el rango del 4% al 5% en el mediano plazo.

Construcción comercial liderada por segmento institucional.

Construcción comercial liderada por segmento institucional.

Las estructuras no residenciales se ven afectadas negativamente tanto por la débil confianza empresarial para la inversión privada como por el riesgo de las políticas gubernamentales en la financiación de edificios públicos. Este fue en realidad el segmento más fuerte en 2018 y 2019, con un crecimiento promedio del 1%. Sin embargo, las perspectivas son un poco más turbias en 2020, con incrementos del 0,7%, y un poco menos del 1% en 2021 y 2022.

Conclusión

El mercado mexicano de la construcción ofrecerá crecimiento, pero a tasas muy moderadas, ya que el débil crecimiento interno limita el gasto residencial, la desaceleración del mercado estadounidense limita el potencial de nuevas inversiones del sector privado y la política gubernamental complica la inversión en obras públicas. Es difícil imaginar un crecimiento total real de la construcción mexicana que alcance incluso una tasa del 2% hacia 2024.

Escrito por Scott Hazelton, director general de la consultora IHS Markit.